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Ética teológica en América: avances y desafíos

Updated: Sep 4

De M. Therese Lysaught*


[Editor: Ese texto fue presentado en América Latina, en el lanzamiento del primer volumen en español en Journal of Moral Theology (JMT), durante el panel de presentación del volumen el 10 de julio de 2021.

In English, after the Spanish version. This text was presented in Latin American, at the panel to celebrate the publication of the for issues in Spanish of the Journal of Moral Theology (JMT), on July 10th, 2021.]




¡Buenos días a todas y todos!


Y gracias, Alex por invitarme a unirme a todos ustedes para esta celebración y conversación del volumen más reciente de la Revista de Teología Moral sobre COVID-19 y ética teológica en América Latina, con los ensayos del coloquio del CTEWC en América Latina del pasado septiembre entre otros.


El editor de la revista, Jason King, y yo nos emocionados cuando Alex se nos acercó para preguntar sobre la posibilidad de publicar los documentos del simposio como un volumen especial de la revista. Pero sería un volumen extra-especial porque representaba una oportunidad para publicar en español. Por lo que sabemos, esta es la primera vez que una revista teológica estadounidense ha publicado un volumen enteramente en español, aunque tal vez lo haya hecho la revista de teología hispana/latino. Se nos presentaron algunos desafíos prácticos — por ejemplo, ¡yo soy la única miembro del personal de la revista que sabe español, pero mi español es muy limitado! Pero estábamos decididos a encontrar una manera de abordar esos desafíos y el resultado es, creo, un volumen hermoso y poderoso.


La publicación de este volumen fue importante para nosotros, por dos razones: Primero, encaja bien con nuestra misión, que es ser un lugar para una conversación amplia y vibrante en teología moral. Si bien es cierto que somos una revista revisada por colegas, nuestro objetivo es tratar de imaginar formas de llevar a una multitud de voces a la conversación y hacer que los artículos rigurosos y de vanguardia estén ampliamente disponibles sin costo, especialmente para aquellos fuera de Estados Unidos. Nuestra nueva plataforma editorial, Scholastica, lo hace posible.


Algunos participantes en la presentación del volumen especial Covid-19 y ética teológica en América Latina

Segundo, avanza una misión personal mía para desafiar a los teólogos estadounidenses a tomar más en serio el trabajo de nuestros colegas latinoamericanos. Alexandre Martins escribió recientemente en un blog cual ha sido su experiencia al evidenciar que la mayoría de los teólogos estadounidenses tienen acceso limitado a los textos de los teólogos de la liberación de América Latina, que aparte de los grandes nombres cuyo trabajo han sido traducidos al inglés, son básicamente desconocidos. Además, observó una resistencia entre los teólogos estadounidenses a intentar dedicarse a escritos en idiomas distintos del inglés — lo que él llama una “mentalidad colonizadora”— que cualquier cosa producida fuera de los EE.UU. o Europa occidental es inferior. También sugiere que, en Estados Unidos, la opción preferencial para los pobres se ha limitado a un concepto académico y ha perdido su aspecto existencial de compromiso con la vida de los pobres.


Me temo que tiene razón. En los últimos 10 años, he comenzado a entender la riqueza de la conversación teológica en América Latina, una riqueza a la que no puedo acceder

por mi limitada fluidez en español. Así que he estado trabajando duro para remediar este defecto. Pero este defecto representa a la academia teológica estadounidense. Desde el comienzo de mi trabajo como profesora, yo he propuesto con frecuencia y asiduamente a los comités de posgrado para estudiantes graduados — especialmente para estudiantes hispanohablantes — contar el español como un idioma de investigación. No puedo decirles cuántas veces se ha rechazado porque se trataba de una lengua “pastoral”, no de una lengua de investigación. [Mi primera experiencia de esto fue cuando quise contar el español como lengua de investigación en mis propios estudios de posgrado, pero no fue aceptado]. Me quedé igual de consternada cuando uno de mis colegas de una universidad anterior, quien enseñaba los cursos de teología de la liberación, me dijo que la teología de la liberación realmente no tenía nada que ver con la economía o con los pobres—era realmente más cercana de los temas de feminismo y LGBTQ.


Las actitudes en Europa son similares. Hace dos años, yo estaba presentando un artículo, que finalmente fue publicado en la revista brasileña Perspectiva Teológica, donde sugerí, dado el entendimiento del Papa Francisco de los pobres como un locus teológico, que los teólogos necesitaban considerar cambiar nuestra ubicación social para sumergirnos entre los pobres; cuando dije eso, un famoso teólogo británico, que estaba en la audiencia, lanzó su copia de mi papel en el suelo con un gesto dramático. No le gustó mi sugerencia. Igualmente, Massimo Borghesi, en su muy útil libro La Mente del Papa Francisco (Liturgical Press, 2018), sugiere que gran parte de la resistencia o crítica contemporánea al Papa Francisco proviene de quienes creen “que todo lo que venga de América Latina no está a la altura de los estándares occidentales” (xvi)”. Y él continua: “La limitación de Francisco es su origen, siendo argentino.” Incluso en Estados Unidos, los teólogos se refieren a la teología de Francisco como “pastoral,” sugiriendo que no es intelectual o no avanza la tradición teológica.


Con Borghesi y otros, me opongo a esta posición y creo que uno de los dones que el Papa Francisco está trayendo a la iglesia universal es la vibrante tradición teológica de la iglesia latinoamericana, una tradición arraigada en el acompañamiento con los pobres. Era esta tradición que experimenté en la conversación sobre la pandemia y ética de COVID-19 en el septiembre pasado. Y me alegra que la Revista de Teología Moral — con la asistencia de nuestros editores invitados Alex Martins y MT Davila — haya podido llevar esta conversación a la academia estadounidense en la integridad y riqueza de su idioma original. Estoy encantada de que esta sea nuestra primera aventura en construir puentes entre las comunidades teológicas de Estados Unidos y América Latina y, como editora entrante de la revista a partir de enero, confío en que no será nuestra última. Muchas gracias.



Theological Ethics in America: Progress and Challenges


By M. Therese Lysaught*



Good morning, everybody!


Thanks so much to Alex for inviting me to join you all for this celebration and conversation about the most recent issue of the Journal of Moral Theology on COVID-19 and theological ethics in Latin America, with articles from the Latin American CTEWC colloquium from last September and others.


The editor of the journal, Jason King, and I were excited when Alex approached us to ask about the possibility of publishing the papers from that symposium as a special issue of the journal. But it would be an extra-special issue because it represented an opportunity to publish in Spanish. As far as we know, this is the first time that a US theological journal has published an issue entirely in Spanish (although perhaps the Journal of Hispanic/Latino Theology has done so). This presented us with some practical challenges — for example, I am the only member of the journal staff that knows Spanish, but my Spanish is very limited! But we were dedicated to finding a way to overcome these challenges and the result is, I believe, an issue that is both beautiful and powerful.


The publication of this issue was important for us for two reasons. First, it captures well our mission, which is to be a place for a broad and vibrant conversation in moral theology. While we are, of course, a peer-reviewed journal, our objective is to try to imagine new ways to bring a multitude of voices to the conversation and to make rigorous and cutting-edge articles widely available for free, especially for those outside of the US. Our new editorial platform, Scholastica, makes this possible.


Second, it advances a personal mission of mine to challenge US theologians to take more seriously the work of our Latin-American colleagues. Alexandre Martins wrote recently in a blog that in his experience the majority of US theologians have limited access to the writings of liberation theologians from Latin America, that apart from the great names whose works have been translated into English, most are basically unknown. In addition, he has observed a resistance among US theologians to try to engage articles in languages other than English —what he calls a “colonializing mentality”— an attitude that whatever is produced outside of the US or western Europe is inferior. He also suggests that in the US, the preferential option for the poor has been limited to an academic concept and has lost the existential aspect of commitment to live with the poor.


I am afraid that he is right. Over the last ten years, I have begun to understand the riches of the Latin American theological conversation, a richness that I cannot access because of my limited Spanish fluency. For this reason, I have been working hard to remedy this defect. But this defect represents US academic theology. Since the beginning of my work as a professor in 1995, I have frequently and assiduously argued to graduate committees—especially for Spanish-speaking students—that Spanish should count as a research language. I cannot tell you how many times these requests were rejected because Spanish was considered a “pastoral” language, not a research language. [My first experience of this was when I wished to count Spanish as a research language in my own graduate studies but was not able to]. I was just as dismayed when one of my colleagues at a previous university, who taught the courses in liberation theology, said to me that liberation theology really didn’t have anything to do with economics or with the poor—it was really more about feminism and LGBTQ issues.


Attitudes in Europe can be similar. Two years ago, I was presenting an article that eventually was published in the Brazilian journal Perspectiva Teológica, where I suggested that, given Pope Francis’ understanding of the poor as a locus theologicus, theologians needed to consider changing our social location in order to immerse ourselves among the poor. When I said this, a famous British theologian who was in the audience, threw his copy of my paper to the ground with a dramatic gesture! He did not like my suggestion. Similarly, Massimo Borghesi, in his very important book, The Mind of Pope Francis (Liturgical Press, 2018), suggests that a large part of the resistance to or contemporary criticism of Pope Francis is coming from those who believe “that whatever comes from Latin America is not up to western standards” (xvi). He continues: “Francis’ limitation is his origin, his being Argentine” (xvii). Even in the US, theologians refer to the theology of Pope Francis as “pastoral,” suggesting that it is not intellectual or that it does not advance the theological tradition.



With Borghesi and others, I oppose this position and I believe that one of the gifts that Pope Francis brings to the universal church is the vibrant theological tradition of the Latin American church, a tradition rooted in the accompaniment of the poor. It was this tradition that I experienced in the conversation about the pandemic and the ethics of COVID-19 last September. And I am glad that the Journal of Moral Theology—with the help of our guest editors Alex Martins and MT Davila—has been able to bring this conversation to the US academy in the integrity and richness of its original language. I am delighted that this will be our first adventure in building bridges between the theological communities of the US and Latin America and, as incoming editor of the journal beginning in January, I trust that it will not be our last. Thank you so very much.




*M. Therese Lysaught is Professor at Neiswanger Institute for Bioethics and Health Policy, Stritch School of Medicine ­– Loyola University Chicago; Corresponding Member Pontifical Academy for Life, and Associate editor of the Journal of Moral Theology. She is an of many articles and books on theological ethics and bioethics, such as Catholic Bioethics and Social Justice (Liturgical Press, 2019)

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